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Completa Santificación


Completa santificación
            Esta verdad se discute con frecuencia bajo el tema de "perfección cristiana."
a.         El significado de la perfección. Existen dos clases de perfección: la absoluta y la relativa. Es absolutamente perfecto aquello que no se puede perfeccionar o mejorar; esta perfección es solamente de Dios. Es relativamente perfecto aquello que cumple el fin para lo cual ha sido designado; esta perfección le es posible al hombre.
            El vocablo perfección en el Antiguo Testamento tiene el significado de "justo y recto," Gn._6:9; Job_1:1. Al evitar los pecados de las naciones limítrofes, Israel podría ser perfecto. Dt._18:13. La esencia de la perfección en el Antiguo Testamento es el sincero deseo y determinación de hacer la voluntad de Dios. A pesar de todos los pecados que empañan su historia personal, David puede ser considerado un hombre perfecto, o un hombre "según el corazón de Dios," puesto que el propósito supremo en su vida era obedecer la voluntad de Dios.
            El vocablo "perfecto" y sus derivados tienen una variedad de Aplicaciones en el Nuevo Testamento, y por lo tanto debe ser interpretado de acuerdo al sentido en los cuales los términos son empleados. Se usan varias palabras griegas para dar la idea de la perfección: (1) Una de las palabras significa ser completo en el sentido de ser Apto o Apropiado para cumplir cierta labor o alcanzar determinado fin. 2Ti_3:17. (2) Otro de los vocablos denota cierto fin obtenido mediante el crecimiento o desarrollo mental y moral. Mt._5:48; Mt._19:21; Col_1:28; Col_4:12; Heb_11:40. (3) El vocablo empleado en 2Co_13:9; Ef._4:12 y Heb_13:21 significa bagaje o equipo completo. (4) La palabra empleada en 2Co_7:1 significa terminar. (5) El vocablo empleado en Ap._3:2 significa llenar, cumplir, o atestar o henchir (como en el caso de una red de pescar) y rellenar o nivelar (una depresión o sitio hueco).
            La palabra describe los aspectos siguientes de la vida cristiana: (1) La perfección en Cristo, en lo que a posición respecta (Heb_10:14) - el resultado de la obra de Cristo para nosotros. (2) Madurez espiritual y entendimiento, en contraposición con niñez espiritual. 1Co_2:6; 1Co_14:20; 2Co_13:11; Fil._3:15; 2Ti_3:17. (3) Perfección progresiva. Gál._3:3. (4) Perfección en ciertos aspectos: la voluntad de Dios, el amor hacia el hombre, y servicio. Col_4:12; Mt._5:48; Heb_13:21. (5) La perfección final del individuo en el cielo. Col_1:28; Fil._3:12; 1Pe_5:10. (6) La perfección final de la iglesia o el cuerpo social o corporativo de creyentes. Ef._4:13; Jn._17:23-24.
b.         Las posibilidades de la perfección. El Nuevo Testamento presenta dos aspectos generales de la perfección: (1) Perfección como don de la gracia, la cual perfección constituye la posición perfecta o categoría que se le da al penitente por haber creído en Cristo. Se le considera perfecto puesto que tiene un Salvador perfecto y una justicia perfecta. (2) La perfección es en realidad creada o producida en el corazón del creyente. Uno puede recalcar con exceso el primer aspecto, hasta descuidar el cristianismo práctico. Persona semejante fué aquel individuo que, después de una conferencia sobre la Vida Victoriosa, le dijo al orador: "Tengo todo eso en Cristo." "¿Pero lo tiene en este momento, en esta ciudad?" fué la tranquila respuesta de su interlocutor. Por otro lado, al recalcar con exceso el segundo aspecto, algunos han negado prácticamente cualquier perfección Ap.arte de la que pueden hallar en su propia experiencia.
            Juan Wesley parece haber caminado o tomado la senda intermedia, entre los dos extremos. Reconoció que una persona era santificada en la conversión, pero afirmó asimismo la necesidad de santificación completa como otra obra de la gracia. Lo que parecía hacer necesario esta experiencia era el poder del pecado que causaba la derrota del creyente. La bendición llega como resultado de una búsqueda fiel; el amor puro llena el corazón y gobierna toda obra y acción, con el resultado de que el poder del pecado es quebrantado. La perfección en el amor no era considerada perfección impecable, ni tampoco eximía al creyente de vigilancia constante y cuidado. Juan Wesley escribió lo siguiente: "Creo que una persona llena del amor de Dios está aún sujeta a transgresiones involuntarias. Ud. puede llamar. pecado a dichas transgresiones, yo no." Con respecto al momento de la santificación completa, Wesley escribió lo siguiente:

            ¿Es gradual o instantánea esta muerte al pecado, y la renovación en amor? Un hombre puede estar muriéndose por cierto tiempo; y sin embargo, en el sentido estricto del vocablo, no muere hasta el instante que su alma se ha separado del cuerpo; y en ese instante comienza a vivir la vida de la eternidad. De igual manera, quizá se esté muriendo al pecado por algún tiempo; y sin embargo, no ha muerto al pecado hasta que éste no se haya separado de su alma; y en ese instante vive la vida plena del amor. Y así como el cambio sufrido, cuando muere el cuerpo, es de una clase diferente, e infinitamente mayor del que conocimos antes, más aún, un cambio que hasta entonces no hubiéramos podido concebir siquiera; así también el cambio provocado cuando el alma muere al pecado es de una clase diferente, e infinitamente mayor que cualquier otro experimentado con anterioridad, y mayor también que cualquiera que uno pueda concebir, hasta el momento que lo experimenta. Y sin embargo, todavía crece el hombre en la gracia, en el conocimiento de Cristo, en el amor y la imagen. de Dios; y lo hará así, no solamente hasta la muerte, sino por toda la eternidad. ¿De qué manera debemos de esperar este cambio? No con descuido o indiferencia, ni tampoco de manera indolente; sino mediante una obediencia vigorosa, universal, cumpliendo fervorosamente los mandamientos, con vigilancia y sumo esmero, negándonos a nosotros mismos y tomando nuestra cruz; como así también mediante la oración diliGn.te y el ayuno, y prestando suma atención a las ordenanzas de Dios. Y si cualquier hombre sueña con obtenerlo de cualquier otra manera, (qué digo, de guardarlo cuando se ha obtenido, cuando lo ha recibido aún en medida abundante) engaña a su propia alma.

            Juan Calvino, que recalcó la perfección del creyente en virtud de la obra consumada de Cristo, y que no alimentaba en su corazón menos fervor por la santidad que Wesley, escribe lo siguiente con respecto de la perfección cristiana:

            Cuando Dios reconcilia al hombre a sí, por medio de la justicia de Cristo, y nos considera justos por la remisión gratuita de nuestros pecados, también habita en nuestro corazón por su Espíritu, y nos santifica por su poder, mortificando nuestro corazón en obediencia a su Palabra. Se convierte así en nuestro primer deseo de obedecer su voluntad, y promover su gloria. Pero aún después de esto, queda todavía en nosotros suficiente imperfección como para inducirnos a reprimir el orgullo, y compelernos a la humildad. Ecc_7:20; 1Re._8:46.

            Se enseñan en las Sagradas Escrituras ambos puntos de vista: la perfección como don de Cristo y la perfección como obra real efectuada en nuestro corazón. Lo que Cristo ha hecho para nosotros, debe ser convertido en realidad en nosotros. El Nuevo Testamento mantiene un alto nivel de santidad práctica y afirma la posibilidad de liberación del poder del pecado. Es por lo tanto el deber del creyente procurar con ahínco la perfección. Fil._3:12; Heb_6:1.
            En este aspecto, debe reconocerse que el progreso en la santificación abarca o incluye con frecuencia un acontecimiento experimental crítico casi tan definido como la conversión. Por un medio u otro el creyente recibe una Apelación de la santidad de Dios, y la posibilidad de caminar en una comunión más íntima con él, todo lo cual es seguido de la conciencia de estar personalmente contaminado. Compare Isaías 6. Ha llegado a una encrucijada de la experiencia cristiana, donde debe resolver si retrocederá, o avanzará acompañado de Dios. Con la confesión de sus fracasos pasados, se consagra de nuevo, y como resultado de ello recibe nueva paz, gozo y la sensación de victoria, y también el testimonio o convicción de que Dios ha aceptado su consagración. Algunos han denominado este acontecimiento la segunda obra de gracia.
            Existirá todavía la tentación externa e interna, de ahí la necesidad de vigilar siempre, (Gál._6:1; 1Co_10:12); la carne es frágil y el cristiano tiene liberta de ceder, puesto que pasa por un estado de prueba (Gál._5:17; Rm._7:18; Fil._3:3); su conocimiento es parcial y defectuoso o imperfecto, y por lo tanto, puede estar sujeto a pecados de la ignorancia. No obstante, puede continuar con las seguridades siguientes: que puede resistir y vencer toda tentación reconocida (Stg._4:7; 1Co_10:13; Rm._6:14; Ef._6:13-14); puede glorificar siempre a Dios y estar lleno de los frutos de justicia (1Co_10:31; Col_1:10); puede poseer las gracias y el poder del Espíritu y caminar en comunión no interrumpida con Dios (Gál._5:22-23; Ef._5:18; Col_1:10-11; 1Jn._1:7); puede disponer siempre de la limpieza constante de la sangre, y por ende ser intachable ante Dios. 1Jn._1:7; Fil._2:15; 1Ts._5:23.

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