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La Justificación


 La justificación del evangelio es la justificación de los pecadores;y, por lo tanto, naturalmente es imposible, y una contradicción muy palpable, afirmar que la justificación de un pecador, o de uno que ha violado la ley, es una justificación forense o judicial.
Ahora bien, es verdaderamente un sin sentido afirmar que un pecador puede ser declarado justo a los ojos de la ley; que puede ser justificado por las obras de la ley, o por la ley en absoluto. La ley lo condena.
La Biblia expresa claramente sobre este punto. “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él, porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”  (Romanos 3:20)
   Los pecadores no son justificados por su propia obediencia a la ley, sino por la obediencia perfecta y atribuida a Jesucristo. Sostiene que por razón de la obediencia a la ley que Cristo rindió cuando estuvo en la tierra, y que es atribuida como crédito  a los pecadores elegidos, e imputada a ellos, la ley los considera que han rendido perfecta obediencia a ÉL, o que han obedecido perfectamente por medio de un sustituto y, por lo tanto, los declara justos, con la condición de la fe en Cristo.

1.- La naturaleza de la justificación: absoluta divina.
El vocablo “justificar” es un termino judicial que significa absolver, declarar justo, o pronunciar sentencia favorable de aceptación. La palabra se toma de las relaciones jurídicas. En efecto, el culpable comparece ante Dios, el juez justo. Pero en cambio de una sentencia de condenación, recibe la absolución.
   El vocablo “justificación” o “justicia” significa un estado de aceptación al cual uno entra por la fe. Esta aceptación es un don gratuito de Dios, 
  • disponible por la fe en Cristo (Romanos 1:17; 3:21,22)
  • Es un estado de aceptación sobre el cual reposa el creyente (Romanos 5:2)
Sin tener en consideración su pasado pecaminoso e imperfección presente, tiene una posición completa y segura con relación a Dios. “justificado” es el veredicto de Dios, y nadie lo puede contradecir o negar (Romanos 8:34). La doctrina se ha definido de la siguiente manera.

“la justificación es un acto de la gracia libre de Dios, por medio de la cual perdona todos nuestros pecados y nos acepta en calidad de justos ante su presencia, solo en virtud de la justicia de Cristo imputada o atribuida a nosotros y recibida por fe solamente”

La justificación es primordialmente un cambio de posición de parte del pecador; antes condenado, ahora absuelto; antes bajo la condenación divina, esta sujeto ahora al encomio o alabanza divina.
La justificación abarca mucho más que el perdón del pecado y la eliminación de la condena; en el acto de la justificación, Dios coloca al ofensor en la posición de hombre justo. En algunos países el gobernador de un estado puede conmutar la pena de un criminal, pero no puede devolverle a la posición de uno que jamas ha quebrantado las leyes. Pero Dios puede hacer ambas cosas. Borra el pasado, es decir, los pecados y ofensas y luego trata a la persona como si nunca hubiera cometido pecado en su vida. El criminal perdonado no es considerado o descrito como persona justa o buena; pero cuando Dios justifica al pecador, lo declara justificado, es decir, justo a su vista. Ningún juez podría justificar con justicia a un criminal, es decir declararlo justo y bueno.  Si Dios estuviera sujeto a la mismas limitaciones y justificara solo a buenos, no habría evangelio para los pecadores.





2.- La necesidad de la justificación: la condenación del hombre.
Job hizo la siguiente pregunta: “¿Y como se justificara el hombre con Dios?” (Job 9.2) “¿Que debo hacer para ser salvo?” dijo el carcelero de Filipos. Ambos hombres expresaron una de las preguntas de mayor trascendencia que se pueden formular. ¿De que manera puede el hombre cancelar su deuda con Dios y estar seguro de que ha sido aprobado por el hacedor?
   La respuesta a la pregunta se encuentra en el Nuevo testamento, especialmente en la epístola a los romanos, la que presenta el plan de la salvación en forma detallada y sistemática. El tema del libro esta encerrado en 1:16,17 y puede expresarse de la manera siguiente: el evangelio es el poder de Dios para la salvación del hombre, porque dice de que manera los pecadores pueden ser cambiados en lo que respecta a posición y condición, para quedar en buenas relaciones con Dios.
Una de las frases notables del libro es la siguiente: "La justicia de Dios." El Apóstol inspirado describe la clase de justicia que es aceptable ante Dios, de manera que el hombre que la posee es considerado "justo" a la vista de Dios. Es la justicia que resulta de la fe en Cristo. Pablo nos demuestra que todos los hombres necesitan la justicia de Dios, puesto que la raza toda ha pecado. Los Gentiles están bajo condenación. Los pasos que condujeron a la caída son evidentes: una vez conocieron a Dios (Rm._1:19-20), pero al no adorarle y servirle, sus mentes se oscurecieron. Rm._1:21-22. La ceguera espiritual condujo a la idolatría, (ver Rm._1:23), y la idolatría llevo a la corrupción moral. Rm._1:24-31. No tienen excusa, porque poseen una Apelación de Dios en la naturaleza, y una conciencia que Aprueba o desaprueba sus acciones. Rm._1:19-20; Rm._2:14-15. El judío está también bajo la condenación. Es cierto que pertenece a la nación escogida, y ha conocido la ley de Moisés por centenares de años, pero ha violado esa ley en lo que respecta a pensamientos, hechos y palabras.
   Pablo cierra las puertas de la celda de condenación de la raza humana, con las siguientes palabras: "Empero sabemos que todo lo que la ley dice, a los que están en la ley lo dice, para que toda boca se tape, y que todo el mundo se sujete a Dios; porque por las obras de la ley ninguna carne se justificará delante de él; porque por la ley es el conocimiento del pecado."
   Pablo ha declarado que por las obras de la ley nadie puede justificarse. No se trata de un baldón sobre la ley, la cual es santa y perfecta. Significa simplemente que la ley no fue dada para el fin de hacer justa a la Gente, sino para proporcionar un nivel de justicia. La ley puede compararse con una medida que indicará el largo de una pieza de Material, pero no aumentará su largo. O se puede comparar a una báscula que dice el peso que tenemos, pero no puede añadir a nuestro peso. "Por la ley es el conocimiento del pecado."
   Muchos israelitas consideraban que debía de haber una forma de ser justificado, Aparte del guardar la ley, por dos razones: (1) Percibieron un profundo abismo entre el nivel de Dios para Israel, y su condición actual. El pueblo de Israel era injusto, y la salvación no podía llegar por sus propios méritos y esfuerzos. La salvación debía de proceder de Dios, por medio de su interposición en beneficio de ellos. (2) Muchos israelitas supieron por experiencia personal que no podían guardar la ley perfectamente. Llegaron a la conclusión de que debía de existir una justicia independiente de sus propias obras y esfuerzos. En otras palabras, anhelaban la redención y la gracia. Y Dios les aseguró que tal justicia debía de ser Apelada. Pablo (Rm._3:21) habla con respecto a la justicia de Dios sin la ley que ha sido "testificada por la ley, (Gn._3:15; Gn._12:3; Gál._3:6-8) y los profetas (Jer_23:6; Jer_31:31-34)." Esta justicia abarca el perdón de los pecados, y la justicia  interna del corazón.
   En realidad, Pablo afirma que la justificación por la fe era el método original de Dios de salvar al hombre; la ley fué añadida con el objeto de disciplinar a los israelitas y hacerlos sentir la necesidad de la redención. Gál._3:19-26. Empero la ley en sí misma no tenía poder salvador de la misma manera que un termómetro no tiene poder para hacer disminuir la fiebre que registra. Jehová mismo era el Salvador de su pueblo, y su gracia su única esperanza.
   Desgraciadamente los judíos llegaron a exaltar la ley como agente justificador, e idearon un sistema de salvación basado en los méritos de guardar sus preceptos, y las tradiciones añadidas a ella. "Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios." Rm._10:3. Habían interpretado erróneamente el propósito de la ley. Habían llegado a confiar en ella como medio de salvación espiritual. Al ignorar la pecaminosidad innata de sus corazones, se imaginaban que serían salvados mediante el guardar la letra de la ley, de manera que cuando vino Cristo ofreciéndoles salvación por sus pecados, pensaron que no tenían necesidad alguna de tal Mesías. Lea Jn._8:32-24. Pensaron que se prescribirían ciertos rígidos requisitos por medio de los cuales podían obtener vida eterna. "¿Qué haremos?" preguntaron, "para que obremos las obras de Dios?" Y no estaban dispuestos a seguir el camino indicado por el Señor Jesús." Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado." Jn._6:28-29. Estaban tan ocupados procurando establecer y resolver su propio sistema de justicia que pasaron por alto o equivocaron el plan de Dios para justificar al hombre pecador. 
Ejemplo:
En la realización de un viaje, un tren es el medio para llegar a un fin. No tenemos intención de hacer del tren nuestra casa u hogar permanente. Estamos preocupados solamente de llegar al destino, y cuando llegamos al fin de nuestro viaje, desocupamos el tren. La ley fué dada a fin de conducir a Israel a cierto destino, y el fin era la confianza en la gracia salvadora de Dios. Empero cuando vino el Redentor, los judíos satisfechos de sí mismos procedieron como un hombre que se rehúsa a dejar el tren cuando ya se ha llegado a destino, aun cuando el guardia o inspector del tren anuncia que se ha llegado a punta de rieles. Los judíos se negaron a moverse de sus asientos en el "tren" del Antiguo Pacto, aún cuando el Nuevo Testamento anunciaba que Cristo es "el fin de la ley" y que el Antiguo Pacto se había cumplido. Rm._10:4.


3.- La fuente de la justificación:gracia
Gracia significa primordialmente favor, o disposición bondadosa en la mente de Dios. Se ha denominado "pura bondad y favor sin recompensa"; "favor inmerecido." Como tal, la gracia no puede hacer deudor al hombre. Lo que Dios otorga, lo otorga como don; no podemos resarcir a Dios, ni pagar por su gracia. La salvación es presentada siempre como don, un favor inmerecido e impagable, un beneficio puro de Dios. Rm._6:23. El servicio cristiano, por lo tanto, no se hace en pago de la gracia de Dios. El servicio es la forma cristiana de expresar nuestra devoción y amor a Dios. "Le amamos, porque él nos amó primero."
   La gracia es el trato de Dios con el pecador absolutamente Aparte de la cuestión de méritos o deméritos. "La gracia no equivale a tratar a una persona según lo merece, o mejor de lo que merece," nos dice el Dr. L. S. Chafer. "Equivale al trato misericordioso sin la más mínima referencia a sus merecimientos. La gracia es amor infinito que se expresa por medio de bondad infinita."

Debe evitarse un malentendido. La gracia no significa que el pecador es perdonado porque Dios tiene un gran corazón que le permite perdonar la pena o desistir de imponer justo juicio. El Gobernador perfecto del Universo no puede tratar con lenidad el pecado, pues ello lo desviaría de su perfecta santidad y justicia. La gracia de Dios hacia los pecadores se ve en el hecho de que él mismo, por medio de la expiación de Cristo pagó toda la pena por el pecado sin tener en consideración el mérito o demérito del pecador. El pecador no es perdonado porque Dios sea misericordioso para excusar sus pecados, sino porque existe redención por medio de la sangre de Cristo. Rm._3:24; Ef._1:7. Predicadores liberales se han desviado del camino en este punto: han pensado que Dios es misericordioso al perdonar el pecado, mientras que el perdón de los pecados se basa en justicia estricta. Al perdonar el pecado, "él es fiel y justo." 1Jn._1:9. La gracia de Dios se Apela al proveer una expiación por la cual puede al mismo tiempo justificar a los impíos, y al mismo tiempo reivindicar su ley santa e inmutable.
La gracia es independiente de la actividad u obra del hombre. Cuando una persona está bajo la ley, no puede estar bajo la gracia; cuando está bajo la gracia, no está bajo la ley. Una persona está bajo la ley cuando procura asegurarse la salvación o santificación como asunto de recompensa, mediante la realización de buenas obras y la observación de ceremonias; está bajo la gracia cuando obtiene salvación confiando en la obra de Dios, hecha para él, y no en sus obras para Dios. Las dos esferas se excluyen mutuamente. Gál._5:4. La ley dice: "pagalo todo," mientras que la gracia afirma: "Todo está pagado." La ley significa un trabajo que debe hacerse, la gracia es una labor hecha. La ley restringe las acciones; la gracia cambia la naturaleza. La ley condena; la gracia justifica. Bajo la ley, una persona es un siervo que trabaja por salario; bajo la gracia es un hijo que disfruta de la herencia.

Profundamente arraigada en el corazón del hombre está la idea de que el hombre debe hacer algo para hacerse digno de la salvación. En la iglesia primitiva ciertos maestros judíos cristianos insistieron que los convertidos eran salvados por la fe, y por la ley de Moisés, es decir, su observación. Entre los paganos, y en algunos sectores de la iglesia cristiana, este error ha tomado la forma de castigo a sí mismo, el cumplimiento de ritos, la realización de peregrinajes, la dádiva de limosnas.
La salvación es la justicia imputada o atribuida de Dios; no es la justicia imperfecta del hombre. La salvación es una reconciliación divina; no es una regulación del hombre. La salvación es la cancelación de todos los pecados; no es el cese de cometer algún pecado. La salvación es ser librado de la ley, ser muerto a la ley. No es deleitarse en la ley, o cumplir la ley. La salvación es regeneración divina; no es reforma humana. La salvación es ser aceptable a Dios; no es convertirse en excepcionalmente bueno. La salvación es completamiento en Cristo; no es competencia de carácter. La salvación es siempre de Dios, y solamente de él. No es nunca del hombre

4.- la base de la Justificación: la justicia de Cristo.
 ¿De qué manera puede Dios tratar al pecador como una persona justa? Respuesta: Dios le proporciona justicia. Mas ¿es justo dar el título de "bueno" y "justo" a uno que no se lo ha ganado? Respuesta: El señor Jesucristo lo ha ganado para el pecador, y en representación de él, a quien declara justo "por la redención que es en Cristo Jesús." La redención significa liberación completa por medio de un precio pagado.
            Cristo obtuvo esta justicia para nosotros por medio de su muerte expiatoria; "al cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre." Propiciación es aquello que asegura el favor de Dios para el que no lo merece. Cristo murió a fin de salvarnos de la justa ira de Dios y asegurarnos su favor. La muerte y resurrección de Cristo representa la provisión externa para la salvación del hombre; el término justificación tiene referencia a la forma en la cual los beneficios salvadores de la muerte de Cristo se ponen a disposición del individuo; la fe es el medio por el cual el pecador se adueña de los beneficios.
Esta justicia fué comprada mediante la muerte substituidora de Cristo. Isa_53:5; Isa_53:11; 2Co_5:21; Rm._4:6; Rm._5:18-19. Su muerte fué un hecho perfecto de justicia, porque satisfizo la ley de Dios; fué también un hecho perfecto de obediencia. Y todo esto fué hecho para beneficio nuestro, y puesto a nuestro crédito. "Dios nos acepta en calidad de justos ante sus ojos. solamente por la justicia de Cristo imputada a nosotros," dice una declaración doctrinal.
            El hecho por el cual Dios nos acredita esta justicia se denomina imputación o atribución. Imputación es cargar sobre una persona las consecuencias del hecho de otra; por ejemplo, las consecuencias del pecado de Adán son cargadas a sus descendientes. Las consecuencias del pecado del hombre fueron imputadas a Cristo, y las consecuencias de la obediencia de Cristo son cargadas o acreditadas en este caso, al creyente. El vistió nuestras ropas del pecado, a fin de que nosotros lleváramos el manto de justicia. El "ha sido hecho por Dios sabiduría, y justificación," (1Co_1:30); se convierte en Jehová, justicia nuestra. Jer_23:6.
Cristo expió nuestra culpa, satisfizo la ley, tanto mediante la obediencia como por el sufrimiento, y se convirtió en nuestro substituto, de manera que al ser nosotros unidos a él por fe, su muerte se convierte en la nuestra, su justicia, nuestra justicia, su obediencia, nuestra obediencia. Dios luego nos acepta, no porque haya algo en nosotros, no por nada tan imperfecto como las obras, (Rm._3:28; Gál._2:16) o mérito, sino por la perfecta y del todo suficiente justicia de Cristo, acreditada a nuestra cuenta. Por amor de Cristo, Dios trata al pecador, cuando es penitente y creyente, como si fuera justo. Los méritos de Cristo se le atribuyen a él.
La respuesta es que la fe justificadora es el hecho inicial de la vida cristiana, y este hecho inicial, cuando la fe es viva, es seguido de un cambio interno y espiritual denominado regeneración. La fe une al creyente al Cristo vivo, y la unión con el Autor de la vida da como resultado un cambio de corazón. "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas." 2Co_5:17. La justicia es imputada en la justificación, e impartida en la regeneración. El Cristo que está en favor de nosotros se convierte en el Cristo en nosotros. La fe por la cual una persona es en realidad justificada debe ser por necesidad una fe viva, y una fe viva producirá un vivir justo; será una fe que "obra por el amor." Gál._5:6. Además, vistiendo la justicia de Cristo, el creyente es llamado a vivir una vida acorde con ese carácter. "Porque el lino fino son las justificaciones (literalmente "obras justas") de los santos." Ap._19:8. La verdadera salvación demanda una vida de santidad práctica. ¿Qué pensaríamos de una persona que siempre viste ropas blancas, limpias, pero que nunca se lava? ¡Inconsecuente, lo menos que se puede decir! No menos inconsecuente sería la persona que reclama la justicia de Cristo, y sin embargo viviera de manera indigna al llamado cristiano. Aquéllos que visten su justicia tendrán cuidado de purificarse a sí mismos, así como él es puro. 1Jn._3:3.

5.- El medio de la justificación: Fe
 Puesto que la ley no puede justificar, la única esperanza del hombre es una justicia "sin la ley" (no una injusticia que sea ilegal., o una religión que nos permita pecar), sino un cambio de posición y condición. Esta es la "justicia de Dios," es decir, una justicia que Dios imparte; y es un don porque el hombre carece de la capacidad de producirla o llevarla a cabo. Ef._2:8-10.
Empero un don debe ser aceptado. ¿De qué manera, entonces es aceptado el don de justicia? O, hablando en lenguaje teológico, ¿cuál es el instrumento por medio del cual el hombre se adueña de la justicia de Cristo? Respuesta: "Por la fe de Cristo." La fe es la mano, por así decirlo, que toma o recibe lo que Dios ofrece. El que esa fe es el agente de la justificación lo veremos por los siguientes pasajes: Rm._3:22; Rm._4:11; Rm._9:30; Heb_11:7; Fil._3:9.
En virtud de cierto medio, los méritos de Cristo le son comunicados al pecador, y este recibe la salvación. Tal medio debe ser divinamente designado, puesto que debe transmitir aquello que sólo Dios otorga. Este medio es la fe, el principio de que se vale la gracia de Dios para devolvernos la imagen y favor divinos, Nacida en pecado, y heredera de miserias y sufrimientos, el alma necesita un cambio completo, así interior como exterior, tanto en lo que respecta a su relación con Dios, como consigo mismo. El cambio que se produce en relación a Dios se llama justificación, y el cambio interior espiritual se denomina regneración por el Espíritu Santo. Esta fe es despertada en el hombre por la influencia del Espíritu Santo, generalmente en relación con la Palabra. La fe se apropia de la promesa de Dios, y de la salvación. Conduce al alma a descansar en Cristo como Salvador, y el sacrificio por los pecados, imparte paz a la conciencia y la esperanza consoladora del cielo. Siendo viva y espiritual, y llena de gratitud hacia Cristo, abunda en buenas obras de toda clase.
"Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: no por obras, para que nadie se gloríe." Ef._2:8-9.  El hombre no tenía cosa alguna con la cual comprar su justificación. Dios no podía descender a lo que el hombre tenía para ofrecer; el hombre no podía elevarse a la altura de lo que Dios demandaba. De manera que Dios lo salvó gratuitamente: "siendo justificados gratuitamente por su gracia." Esta gracia gratuita es recibida por la fe. No existe mérito alguno en esta fe, de igual manera que no tiene mérito alguno el hecho de un pordiosero de extender la mano pidiendo una limosna. Este método descarga un golpe a la dignidad del hombre, pero en lo que a Dios respecta, el hombre caído no tiene dignidad alguna. Carece del poder de adquirir o acumular justicia suficiente como para comprar la salvación. "El hombre no es justificado por las obras de la ley."
            La doctrina de la justificación por la gracia de Dios, por medio de la fe del hombre, remueve o destruye dos peligros: primero, el orgullo de la justicia propia y del esfuerzo personal o propio; segundo, el temor de que uno es demasiado débil para superar los obstáculos, vencer las dificultades, obtener la victoria.
Si la fe no es meritoria en sí misma, tratándose simplemente de la mano para obtener la gracia libre de Dios, ¿qué es lo que le concede o proporciona poder, y qué garantías ofrece que uno que ha recibido el don vivirá una vida justa? La fe es importante y poderosa porque une el alma a Cristo, y en esa unión se encuentra el motivo y el poder para una vida de justicia. "Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos... Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con sus pasiones y deseos." Gál._3:27; Gál._5:24.
La fe no solamente recibe pasivamente sino que también emplea activamente lo que Dios otorga. Es asunto del corazón (Rm._10:9-10; compare Mt._15:19; Pro_4:23), y el creer con el corazón es abarcar, u obtener la colaboración de todas las emociones, afectos y deseos, en respuesta al ofrecimiento de salvación hecho por Dios. Por medio de la fe, Cristo vive en el corazón. Ef._3:17. La fe opera por el amor (la "obra de vuestra fe," 1Ts._1:3). Es decir, se trata de un principio enérgico, vivificante, como así también una actitud receptiva. La fe es entonces un motivo poderoso para la obediencia y para toda buena obra. La fe encierra la voluntad, y está relacionada con todas las buenas elecciones y acciones, porque "todo lo que no es de la fe es pecado." Rm._14:23. Abarca la elección y adherencia a la verdad (2Ts._2:12) e implica la sujeción a la justicia de Dios. Rm._10:3.
La siguiente es la enseñanza bíblica relativa a las relaciones entre la fe y las obras. La fe es opuesta a las obras cuando por las obras significamos las buenas acciones en las cuales una persona depende para la salvación Gál._3:11. Sin embargo, una fe producirá obras (Stg._2:26) de la misma manera que un árbol con vida producirá frutos. La fe es justificada y Aprobada por las obras, (Stg._2:18) de la misma manera que la salud y el vigor de las raíces de un árbol frutal se conocen por sus frutos. La fe se perfecciona en las obras (Stg._2:22), de la misma manera que una flor se completa o manifiesta en el proceso de echar flor o florecer. En pocas palabras entonces, las obras son el resultado de la fe, la prueba de la fe, y la consumación de la fe.