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La Santificación


1.         La naturaleza de la santificación.
            En un estudio previo afirmamos que la clave del significado de la doctrina del Nuevo Testamento con respecto a la expiación, se encontraba en el sacrificio ritual del Antiguo Testamento; de igual manera, alcancemos el significado de santificación del Nuevo Testamento mediante un estudio del uso en el Antiguo Testamento del vocablo "santo."
            Al comienzo obsérvese que "santificación," "santidad," "consagración," son sinónimos; lo son también "santificado" y "santo"; santificar es lo mismo que hacer santo o consagrar. El vocablo "santo" proporciona las ideas siguientes:
a.         Separación. "Santo" es un vocablo descriptivo de la naturaleza divina. Su significado original es el de "separación"; por lo tanto, la santidad representa aquello en Dios que lo hace separado de todo lo terrenal y humano, es decir, su absoluta perfección moral y majestad divina.
            Cuando el Santo desea emplear a una persona u objeto en su servicio, lo separa para el uso común, y en virtud de su separación, la persona u objeto se convierte en "santo."
b.         Dedicación. La santificación incluye tanto una separación de algo, como una dedicación a algo. Es la condición de creyentes según son separados del pecado y del mundo, hechos participantes de la naturaleza divina, y consagrados a la comunión y servicio de Dios por medio del Mediador.
            La palabra "santo" se emplea principalmente en relación con la adoración. Cuando se la Aplica a los hombres o a las cosas, expresa el pensamiento de que son empleados a su servicio y dedicados a él, en sentido especial su propiedad. Israel es una nación santa, porque fué dedicada al servicio de Jehová. Los Levitas son santos porque estaban especialmente dedicados a los servicios del tabernáculo; los sábados y días de fiesta son santos porque representan la dedicación o consagración del tiempo a Dios.
c.           Purificación. Mientras que el significado primario de santo es el de separación para el servicio, la idea de purificación está implicada o encerrada también. El carácter de Jehová ejercía influencia en todo aquello que se le dedicaba a él. De ahí que el hombre dedicado al Señor debía compartir su naturaleza. Las cosas dedicadas a él debían de ser limpias. La limpieza es una condición de santidad, pero no la santidad misma, que es en primer lugar separación y dedicación.
Cuando Jehová elige y separa a una persona u objeto para su servicio, hace algo o hace que se haga, lo cual santifica o hace santo a la persona u objeto. Los objetos inanimados eran consagrados al ser ungidos con aceite. Ex._40:9-11. La nación israelita fué santificada mediante la sangre del sacrificio del pacto. Ex._24:8. Compare Heb_10:29. Los sacerdotes eran santificados por Moisés, representante de Jehová, que los lavaba con agua, y los ungía con aceite y los rociaba con la sangre de la consagración. Lea Levítico, capítulo 8.
            De la misma manera que los sacrificios del Antiguo Testamento simbolizaban o prefiguraban el sacrificio de Cristo, así también los varios lavamientos y unciones del sistema mosaico simbolizaban la verdadera santificación hecha posible por la obra de Cristo. De manera entonces que como Israel fué santificado por la sangre del pacto, así también Jesús, "para santificar al pueblo por su propia sangre, padeció fuera de la puerta." Heb_13:12.

Jehová santificó a los hijos. de Aarón para el sacerdocio por medio de la mediación de Moisés, y por el agua, el aceite y la sangre. Dios el Padre, (1Ts._5:23) santifica a los creyentes para el sacerdocio espiritual (1Pe_2:5) por la mediación del Hijo (1Co_1:2; 1Co_1:30; Ef._5:26; Heb_2:11), y por medio de la Palabra (Jn._17:17; Jn._15:3), la sangre (Heb_10:29; Heb_13:12) y el Espíritu. Rm._15:16; 1Co_6:11; 1Pe_1:2.

d.         Consagración, en el sentido de vivir santa y justamente. ¿Qué diferencia existe entre justicia y santidad? La justicia representa la vida regenerada, según concuerda con la ley divina; los hijos. de Dios viven plenamente. 1Jn._3:6-10. La santidad es la vida regenerada y dedicada al servicio divino, según concuerda con la naturaleza divina, y esto reclama la remoción de cualquier inmundicia o suciedad que pudiera obstaculizar ese servicio. "Como aquél que os ha llamado es santo, sed también vosotros santos en toda conversación." 1Pe_1:15. De manera entonces que la santificación abarca la remoción de cualquier mancha o contaminación que sea contraria a la santidad de la naturaleza divina.
Después de la consagración de Israel, la cuestión surgiría naturalmente: ¿De qué manera debe vivir un pueblo santo? Para responder a esta pregunta, Dios les dio un código de leyes santas que se encuentran en el libro de Levítico. De manera entonces que de la consagración de Israel siguió la obligación de vivir una vida santa. Lo mismo se puede decir del creyente. aquéllos a quienes se les declara santificados (Heb_10:10) son exhortados a seguir la santidad (Heb_12:14); aquéllos que han sido limpiados (1Co_6:11) son exhortados a limpiarse a sí mismos. 2Co_7:1.

e.       Servicio. El pacto es un estado de relación con Dios y el hombre en el cual el Señor es el Dios de los hombres, y estos su pueblo, lo que significa su pueblo adorador. El vocablo "santo" expresa esta relación derivada del pacto. El servir a Dios en esta relación equivale a ser sacerdote; de ahí que se describa a Israel como nación santa y reino de sacerdotes. Ex._19:6. Cualquier corrupción que afecte o empañe estas relaciones debe ser limpiada con el agua o la sangre de la purificación.
Vemos así que el servicio espiritual es un elemento esencial de santificación o santidad, pues éste es el único sentido en el cual el hombre puede pertenecer a Dios, es decir, como adorador de Dios rindiéndole servicio. El Apóstol Pablo expresa perfectamente este aspecto de la santidad cuando habló de Dios "del cual yo soy, y al cual sirvo." Hch._27:23. Santificación abarca posesión de parte de Dios, y servicio a Dios.

2.         El tiempo de la santificación.
            La santificación es: (1) Relativa a posición es "en Cristo," e instantánea. (2) Práctica y progresiva.
a.         Relativa a posición e instantánea. La siguiente es una declaración con respecto a la enseñanza referente a la "segunda obra precisa o definida" de gracia, formulada por una persona que enseñó esa doctrina durante muchos años:
            La justificación es considerada una obra de gracia, por la cual los pecadores son hechos justos, y liberados de sus hábitos pecaminosos cuando acuden a Cristo. Mas en el meramente justificado queda un principio corrupto, un árbol malo, "una raíz de amargura," que continuamente inclina al pecado. Si el creyente obedece este impulso y peca voluntariamente, deja de ser justificado; de ahí la conveniencia de que esa raíz sea extirpada, a fin de disminuir las probabilidades de una reincidencia. La extirpación de esta raíz pecaminosa se denomina santificación. Es por lo tanto la limpieza de la naturaleza de todo pecado innato por la sangre de Cristo (Aplicada por medio de la fe cuando se ha realizado una consagración amplia), y el fuego refinador del Espíritu Santo que quema toda la hez, cuando todo se coloca sobre el altar del sacrificio. Esta, y solamente ésta, es la verdadera santificación, una segunda obra de gracia, clara, precisa, definida, subsiguiente a la justificación, y sin la cual es muy probable que la justificación se pierda.
La definición procedente nos enseña que una persona puede ser salva o justificada sin ser santificada. Esta teoría, sin embargo, es contraria a lo que nos enseña el Nuevo Testamento. El Apóstol Pablo se dirigía a todos los creyentes denominándolos "santos (literalmente, "santificados,") y en calidad de ya santificados (1Co_1:2; 1Co_6:11); y sin embargo, la misma carta fué escrita para corregir a esos creyentes, debido a la carnalidad y hasta pecado manifiesto. 1Co_3:1; 1Co_5:1-2; 1Co_5:7-8. Eran "santos" y santificados en Cristo," pero algunos de ellos estaban leJs. de serlo en su vida cotidiana. Habían sido llamados a ser santos, pero no caminaban dignos de la vocación a la cual habían sido llamados. De acuerdo al Nuevo Testamento, hay un aspecto en el cual la santificación es simultánea con la justificación.
b.       Práctica y progresiva. Mas, ¿consiste la santificación solamente del dar o proporcionar la posición de santos? No, puesto que esta separación inicial es el comienzo de una vida progresiva de santificación. Todos los creyentes están separados para Dios, en Jesucristo, y de esta separación nace la responsabilidad de vivir para Cristo. Esta separación debe seguirle diariamente, y el creyente debe procurar ser cada día más semejante a Cristo. "La santificación es la obra de la gracia gratuita de Dios, por la cual nuestro ser todo es renovado según la imagen. de Dios, y capacitado más y más para morir al pecado, y vivir para la justicia." Esto no significa que crecemos hasta alcanzar la santificación, sino que progresamos en la santificación.
La santificación es tanto absoluta como progresiva; absoluta en el sentido de que se trata de una obra hecha de una vez para siempre (Heb_10:14), y progresiva en el sentido de que el creyente debe seguir la santidad (Heb_12:14) y perfeccionar su consagración limpiándose de toda inmundicia. 2Co_7:1.
La santificación está relacionada con la posición, y es práctica: se dice que está relacionada con la posición puesto que es primordialmente un cambio de posición por el cual el pecador corrompido es cambiado en un adorador santo; es práctica en el sentido que demanda una vida justa. La santificación en lo que a posición respecta es indicada por el hecho de que el Apóstol Pablo se dirige a todos los corintios, denominándolos "santificados en Cristo Jesús, llamados santos," 1Co_1:2. La santificación progresiva es insinuada por el hecho de que algunos de ellos son descritos como carnales (1Co_3:3) lo cual significaba que su condición presente no se elevaba a la altura de su posición que les había sido dada por Dios; de ahí que sean exhortados a limpiarse de toda inmundicia, y perfeccionar su consagración. Los dos aspectos de santificación quedan denotados en virtud de que aquéllos a quienes se les escribe denominándoseles santificados y santos, (1Pe_1:2; 1Pe_2:5) son exhortados a mortificar (hacer morir) sus miembros pecaminosos (Col_3:5); aquéllos que se han despojado del viejo hombre (Col_3:9) son exhortados a vestirse o revestirse del nuevo. Ef._4:22; Col_3:8.

3.         Los medios divinos de la santificación
            Los medios divinamente señalados por Dios para la santificación son la sangre de Cristo, el Espíritu Santo y la Palabra de Dios. El primero proporciona en primer lugar una santificación absoluta, y en lo a posición respecta: es la obra consumada que proporciona al penitente una posición perfecta en relación a Dios. El segundo es interno, y afecta la transformación de la naturaleza del creyente. El tercero es externo y práctico y se refiere a la conducta práctica del creyente. De manera entonces que Dios ha hecho provisión o tomado medidas tanto para la santificación externa como la interna.
a.         La sangre de Cristo.  (Eterna, absoluta, "posicional.") Heb_13:12; Heb_10:10; Heb_10:14; 1Jn._1:7. ¿En qué sentido es una persona santificada por la sangre de Cristo? Como resultado de la obra consumada de Cristo, el penitente es cambiado de un pecador corrompido a un adorador santo. La santificación es el resultado de esa obra maravillosa realizada por el Hijo de Dios cuando se ofreció a sí mismo para quitar el pecado por medio de su sacrificio en el Calvario. En virtud de ese sacrificio el creyente ha sido para siempre apartado para Dios, su conciencia es limpiada, y él mismo es transformado de un pecador inmundo o impuro en un adorador santo, unido en permanente comunión con el Señor Jesucristo; "porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos." Heb_2:11.
El que haya también un aspecto progresivo o continuado de la santificación por la sangre es insinuado o indicado en 1Jn._1:7, donde dice: "Y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado." Para que haya comunión entre un Dios santo y el hombre, debe existir necesariamente una provisión para remover el pecado que es una barrera para esa comunión, puesto que hasta el hombre mejor es imperfecto. Cuando el profeta Isaías recibió su visión de la santidad de Dios, fué conmovido por la conciencia de su propia impiedad o maldad, y no se encontraba en condición alguna de oír el mensaje de Dios, hasta que un carbón o brasa del altar hubo limpiado sus labios. La conciencia del pecado empaña la comunión con Dios; la confesión y la fe en el eterno sacrificio de Cristo quita la barrera. 1Jn._1:9.
b.         El Espíritu Santo. (Santificación interna) 1Co_6:11; 2Ts._2:13; 1Pe_1:1-2; Rm._15:16. En estos pasajes la santificación por medio del Espíritu Santo es considerada como el comienzo de la obra de Dios en el alma del hombre, llevándolo al conocimiento pleno de la justificación, por medio del rociamiento de la sangre de Cristo. Así como el Espíritu cobijaba el caos primitivo o se movía sobre él, (Gn._1:2) y fué seguido de la Palabra o Verbo divino, que trajo el orden, así también el Espíritu Santo de Dios cobija o fecunda el alma regenerada, preparándola para recibir la luz y la vida de Dios. 2Co_4:6.
            El capítulo 10 de los Hechos nos proporciona oportunidades concretas de santificación por el Espíritu Santo. Durante los primeros años de la iglesia, la evangelización de los gentiles fué demorada, puesto que muchos de los cristianos judíos consideraban "inmundos" a los gentiles, y no santificados o no consagrados porque no obedecían las leyes relativas a los alimentos y otros reglamentos mosaicos. Se requería una visión para convencer a Pedro que lo que el Señor había limpiado no debía de llamarse común o inmundo. Esto significaba que Dios había hecho provisión o tomado medidas para la santificación de los gentiles, a fin de que fueran su pueblo. Y cuando el Espíritu de Dios cayó sobre los gentiles reunidos en la casa de Cornelio, no hubo duda alguna con respecto al asunto. Sin tener en cuenta si seguían o no las ordenanzas mosaicas, fueron santificados por el Espíritu Santo (Rm._15:16), y Pedro desafió a los judíos que estaban con él, a que negaran, si se atrevían, el símbolo exterior de la limpieza interior de estos gentiles. Hch._10:47; Hch._15:8.

  1.         La Palabra. (Santificación externa y práctica.) Jn._17:17; Ef._5:26; Jn._15:3; Sal_119:9. Se dice de los creyentes que son "renacidos... por la palabra de Dios." 1Pe_1:23. La Palabra de Dios ilumina al hombre y le hace comprender la locura y maldad de su vida. Cuando obedece la Palabra, se arrepiente y cree en Cristo, es limpio por la palabra que oye. Este es el comienzo de la limpieza que debe continuar durante toda la vida del creyente. En el momento de su consagración, el sacerdote israelita recibía un baño sacerdotal completo que jamás se repetía; era una labor hecha de una vez por todas; empero se le requería que se lavase las manos y los pies diariamente. De igual manera la persona regenerada ha sido lavada (Tit_3:5); empero debe existir un proceso diario de limpieza de la contaminación e imperfecciones, a medida que son apeladas por la Palabra de Dios, la cual es el espejo del alma. Stg._1:22-25. Debe lavarse las manos, es decir, sus acciones deben de ser justas; debe lavarse los pies, en otras palabras, debe mantenerse libre de suciedad "que fácilmente puede adherirse a los pies calzados de sandalias de los peregrinos que transitan por los caminos del mundo."

4.         Puntos de vista erróneos relativos a la santificación
            Muchos creyentes arriban a la conclusión de que el mayor obstáculo que se interpone para alcanzar la santidad es la "carne," que frustra o desbarata el progreso hacia la perfección. ¿Cómo puede el hombre liberarse de las ataduras de la "carne"? Se han presentado tres puntos de vista erróneos, a saber:
a.       Erradicación, o el arrancar de raíz o cuajo, por así decirlo, el pecado innato, constituye uno de los puntos de vista que se enseña. El señor Lewis Sperry Chafer escribe lo siguiente: "Si se realizara la erradicación de la naturaleza del pecado, no habría muerte física; puesto que la muerte física es el resultado de dicha naturaleza. Rm._5:12-21. Los padres que han experimentado la erradicación engendrarían hijos. que no heredan la naturaleza caída. Pero aún cuando se lograra la erradicación, existiría todavía el conflicto con el mundo, la carne (Aparte de la naturaleza de pecado) y el diablo; puesto que la erradicación o arranque de cuajo de éstos es claramente antibíblico y no figura en la teoría misma." La erradicación es asimismo contraría a la experiencia.

b.     Legálismo, o el cumplir reglas y reglamentos. El Apóstol Pablo nos enseña que la ley no puede santificar (Rmanos 6) como tampoco justificar. Rmanos 3. La verdad es presentada y desarrollada en la carta a los Gálatas. De ninguna manera el Apóstol desprecia o desestima la ley. La defiende frente a una concepción equivocada de su propósito. Si un hombre debe salvarse del pecado, se salvará mediante un poder que reside fuera del hombre mismo. Empleemos la ilustración de un termómetro. El tubo de cristal y el mercurio representan al individuo; los grados, la ley. Ahora bien, imaginémonos que el termómetro comienza a monologar diciendo: "No he subido hoy hasta la altura que debo. Procuraré subir hasta los 35 grados." ¿Puede el termómetro alcanzar la temperatura que se propone? No, puesto que debe depender de las condiciones que le rodean, de las condiciones fuera de sí mismo. De igual manera, el hombre que percibe que no ha alcanzado el nivel divino no puede elevarse por sí mismo hasta llegar a ese nivel; debe recibir una energía que está fuera de sí mismo, y esa energía es el poder del Espíritu Santo.

c.         Ascetismo, o el intentar dominar la carne y alcanzar la santidad mediante sufrimientos y privaciones infligidos a uno mismo, método seguido por católicos Rmanos e hindúes.
            Este método parece basarse u originarse en una creencia pagana antigua, según la cual toda la materia, incluso el cuerpo, es mala. El cuerpo es por lo tanto una traba para el espíritu, y cuanto más se le castiga y domina, tanto más rápidamente será liberado del espíritu. Esta teoría es contraria a las Sagradas Escrituras, las cuales nos enseñan que Dios creó todo muy bueno. Es el alma y no el cuerpo el que peca; por lo tanto los impulsos pecaminosos, y no la carne, son los que deben sofocarse. El ascetismo es la tentativa de subyugar la carne mediante el esfuerzo propio. Empero el yo del hombre no puede vencerse o dominarse por sí mismo. Eso es obra del Espíritu Santo.

5.         El método verdadero de la santificación.
            El método bíblico de tratar con la carne debe fundamentarse claramente en la provisión o estipulación objetiva para la salvación, la sangre de Cristo, y la provisión subjetiva, el Espíritu Santo. La liberación del poder de la carne debe producirse entonces por la fe en la expiación y por la obediencia a los impulsos del Espíritu. Con respecto a lo primero, se habla en el capítulo 6 del libro de Rm.anos, y con referencia a lo segundo, en la primera sección del capítulo ocho del mencionado libro.
a.         Fe en la expiación. Imaginémonos que había judíos presentes (como con frecuencia era el caso) mientras que Pablo exponía o presentaba la doctrina de la purificación por la fe. Nos imaginamos que decían en tono de protesta: "¡Esta es una herejía de las más peligrosas! El decirle a la Gn.te que sólo necesita creer en Jesús, y que no puede hacer nada con respecto a la salvación puesto que es por la gracia de Dios, dará como resultado que se conviertan en personas descuidadas con respecto a la conducta. Pensarán que lo que hacen poco importa, mientras crean. La doctrina de ustedes con respecto a la fe promueve al pecado. Si la justificación es por la gracia solamente, sin obras, ¿por qué Apartarse del pecado? ¿Por qué no continuar en el pecado para alcanzar más gracia?" Pablo fué acusado por sus enemigos de predicar esta doctrina. Rm._3:8; Rm._6:1. Con indignación el Apóstol rechaza semejante tergiversación. "En ninguna manera. Porque los que somos muertos al pecado, ¿cómo viviremos aún en el?" La continuación en el pecado le es imposible a una persona realmente justificada, debido a su unión con Cristo en la muerte y en la vida. Compare Mt._6:24. En virtud de su fe en Cristo, el hombre salvado ha disfrutado de una experiencia que abarca una separación tan definida del pecado, que se la describe como muerte al pecado, y una transformación tan radical que se le califica como resurrección. La experiencia o acontecimiento que aludimos es simbolizado por el bautismo en agua. La inmersión del convertidos es un testimonio de que en virtud de su unión con el Cristo crucificado, ha muerto para el pecado; el levantarse del agua es un testimonio de que su contacto con el Cristo resucitado significa que así "como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida." Cristo murió por el pecado, a fin de que nosotros muramos al pecado, o con respecto a él.
"Porque el que es muerto, justificado es del pecado." La muerte cancela todas las obligaciones y rompe todos los vínculos. Por medio de la unión con Cristo, el creyente ha muerto para la antigua vida, y las cadenas del pecado han sido rotas. Así como la muerte libera al esclavo de su esclavitud, así también la muerte del cristiano, en lo que a su antigua vida respecta, lo libera de la esclavitud del pecado. Continuando la ilustración, diremos lo siguiente: La ley no tiene jurisdicción sobre un hombre muerto. Sin tener en cuenta el crimen que haya cometido, una vez muerto está fuera del alcance de la justicia humana. De igual manera, la ley de Moisés, violada con frecuencia por el convertido, no puede arrestarle puesto que el creyente, en virtud de su comunión con Cristo, de su vida con él, está en realidad "muerto." Rm._7:1-4; 2Co_5:14.
 "Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, ya no muere: la muerte no se enseñoreará más de él. Porque el haber muerto, al pecado murió una vez; mas el vivir, a Dios vive. Así también vosotros, pensad que de cierto estáis muertos al pecado, mas vivos a Dios en Cristo Jesús Señor nuestro." Al morir, Cristo puso fin a ese estado terreno en el cual el Señor tenía contacto con el pecado, y su vida es ahora una de comunión ininterrumpida con Dios. Los creyentes, aunque están aún en el mundo, pueden compartir la vida de Cristo, puesto que están unidos a él. ¿De qué manera? "Así también vosotros, pensad que de cierto estáis muertos al pecado, mas vivos a Dios en Cristo Jesús Señor nuestro." ¿Qué significa todo esto? Dios ha dicho que por medio de nuestra fe en Cristo estamos muertos al pecado y vivos a la justicia. Queda una cosa por hacerse, y es creer a Dios y reconocer o llegar a la conclusión de que estamos muertos al pecado. Dios dijo que cuando Cristo murió, nosotros morimos al pecado; cuando Cristo resucitó, nosotros resucitamos para vivir una nueva vida. Debemos continuar considerando estas verdades como absolutamente ciertas, y luego, al considerarlas así, se convertirán en algo poderoso en nuestra vida, puesto que nos transformamos en lo que nos consideramos ser. Se ha señalado una distinción de importancia, es decir, la que existe entre las pRm.esas y los hechos de la Biblia. Jesús dijo lo siguiente: "Si estuvieres en mi, y mis palabras estuvieron en vosotros, pedid todo lo que quisierais, y os será hecho." Esa es una promesa, porque reside en el futuro; es algo que ha de hacerse. Empero cuando el Apóstol afirma: "Cristo fué muerto por nuestros pecados conforme a las Escrituras," expresa un hecho, algo que ha sido hecho. Compare la declaración de Pedro, que dice: "Por la herida del cual habéis sido sanados." Y cuando el Apóstol Pablo declara que "nuestro viejo hombre fué juntamente crucificado," expresa un hecho, algo que se ha hecho. La pregunta que aún queda en pie es la siguiente: ¿Estamos dispuestos a creer lo que Dios declara que son hechos con respecto a nosotros? Recordemos que la fe es la mano que acepta lo que Dios ofrece libremente.
¿No será acaso que el despertar de uno a la conciencia de su posición en Cristo constituye lo que algunas personas han descrito como la "segunda obra definida de gracia"?
b.         Obediencia al Espíritu. En Romanos, capítulos 7 y 8, se continúa desarrollando el tema de la justificación. Trata de la liberación del creyente del poder del pecado y de su crecimiento en santidad. En el capítulo 6 vemos que la victoria sobre el poder del pecado fué obtenida por la fe. El capítulo 8 presenta otro aliado en la batalla contra el pecado: el Espíritu Santo.
            En calidad de fondo para el capítulo 8, estudie el pensamiento que subraya el contenido del capítulo 7, que presenta el cuadro de un hombre que se vuelve a la ley para santificación. Pablo demuestra aquí que la ley es impotente para salvar y santificar, no porque la ley no sea buena, sino por esa predisposición pecaminosa de la naturaleza del hombre conocida con el nombre de "carne." Señala que la ley apela el hecho o realidad del pecado (ver. 7), la ocasión, (ver. 8), el poder (ver. 9), el engaño, (ver. 11), el efecto (vers. 10, 11) y la pecaminosidad del mismo. Ver. 13.
            Pablo, que parece estar describiendo su propia experiencia pasada, nos dice que la misma ley, que deseaba ardientemente observar o cumplir, agitaba impulsos pecaminosos dentro de él. El resultado era una "guerra civil," en el alma. Se siente impedido de hacer lo bueno que quiere, e impelido a hacer lo malo que odia. "Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: Que el mal está en mi. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios: mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lLv.a cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros." La última parte del capítulo 7 presenta evidentemente el cuadro de un hombre bajo la ley que ha descubierto la profunda espiritualidad de esa ley, pero que al procurar cumplirla descubre que es obstaculizado por el pecado que hay, o que habita en él. ¿Por qué describe el Apóstol Pablo este conflicto? Para demostrar que la ley es tan impotente para santificar como lo era para justificar.
"¡Miserable de mí! ¡quién me librará del cuerpo de esta muerte?" Compara Rm._6:6. Y el Apóstol Pablo, que ha estado describiendo experiencias bajo la ley, testifica gozosamente con respecto a su experiencia bajo la gracia: "Gracias doy a Dios (que viene la liberación) por Jesucristo nuestro Señor." Con este grito de triunfo, comenzamos el capítulo 8, el cual es maravilloso, y que tiene como tema dominante el liberarse de la naturaleza pecaminosa, por el poder del Espíritu Santo.
            Hay tres muerte en las cuales el creyente debe tomar. parte: (1) La muerte en el pecado, nuestra condenación. Ef._2:1; Col_2:13. El pecado ha levado al alma a esa condición cuya penalidad es la muerte espiritual o separación de Dios. (2) La muerte por el pecado, nuestra justificación. Cristo sufrió sobre la cruz la sentencia de una ley violada, y sufrió esa sentencia por nosotros, y nosotros por lo tanto somos considerados como personas que han sufrido la muerte en él. Lo que hizo para nosotros es considerado como hecho por nosotros. 2Co_5:14; Gál._2:20. Se nos considera legalmente o judicialmente libres de la pena de la ley violada, si mediante la fe personal consentimos a la transacción. (3) Muerte al pecado, nuestra santificación Rm._6:11. Aquello que es cierto o verdadero para nosotros, debe ser hecho una realidad en nosotros; lo que es judicial o legal., debe ser hecho práctico; la muerte en lo que respecta a la penalidad del pecado debe de ser seguida por la muerte en lo referente al poder del pecado. Y ésta es la obra del Espíritu Santo. Rm._8:13. Así como la savia que asciende en el árbol hace desprender las hojas secas que han resistido la helada y las tormentas, así también el Espíritu Santo que habita en el hombre desaloja las imperfecciones y los hábitos de la antigua vida.

6.         Completa santificación
            Esta verdad se discute con frecuencia bajo el tema de "perfección cristiana."
a.         El significado de la perfección. Existen dos clases de perfección: la absoluta y la relativa. Es absolutamente perfecto aquello que no se puede perfeccionar o mejorar; esta perfección es solamente de Dios. Es relativamente perfecto aquello que cumple el fin para lo cual ha sido designado; esta perfección le es posible al hombre.
            El vocablo perfección en el Antiguo Testamento tiene el significado de "justo y recto," Gn._6:9; Job_1:1. Al evitar los pecados de las naciones limítrofes, Israel podría ser perfecto. Dt._18:13. La esencia de la perfección en el Antiguo Testamento es el sincero deseo y determinación de hacer la voluntad de Dios. A pesar de todos los pecados que empañan su historia personal, David puede ser considerado un hombre perfecto, o un hombre "según el corazón de Dios," puesto que el propósito supremo en su vida era obedecer la voluntad de Dios.
            El vocablo "perfecto" y sus derivados tienen una variedad de Aplicaciones en el Nuevo Testamento, y por lo tanto debe ser interpretado de acuerdo al sentido en los cuales los términos son empleados. Se usan varias palabras griegas para dar la idea de la perfección: (1) Una de las palabras significa ser completo en el sentido de ser Apto o Apropiado para cumplir cierta labor o alcanzar determinado fin. 2Ti_3:17. (2) Otro de los vocablos denota cierto fin obtenido mediante el crecimiento o desarrollo mental y moral. Mt._5:48; Mt._19:21; Col_1:28; Col_4:12; Heb_11:40. (3) El vocablo empleado en 2Co_13:9; Ef._4:12 y Heb_13:21 significa bagaje o equipo completo. (4) La palabra empleada en 2Co_7:1 significa terminar. (5) El vocablo empleado en Ap._3:2 significa llenar, cumplir, o atestar o henchir (como en el caso de una red de pescar) y rellenar o nivelar (una depresión o sitio hueco).
La palabra describe los aspectos siguientes de la vida cristiana: (1) La perfección en Cristo, en lo que a posición respecta (Heb_10:14) - el resultado de la obra de Cristo para nosotros. (2) Madurez espiritual y entendimiento, en contraposición con niñez espiritual. 1Co_2:6; 1Co_14:20; 2Co_13:11; Fil._3:15; 2Ti_3:17. (3) Perfección progresiva. Gál._3:3. (4) Perfección en ciertos aspectos: la voluntad de Dios, el amor hacia el hombre, y servicio. Col_4:12; Mt._5:48; Heb_13:21. (5) La perfección final del individuo en el cielo. Col_1:28; Fil._3:12; 1Pe_5:10. (6) La perfección final de la iglesia o el cuerpo social o corporativo de creyentes. Ef._4:13; Jn._17:23-24.
b.         Las posibilidades de la perfección. El Nuevo Testamento presenta dos aspectos generales de la perfección: (1) Perfección como don de la gracia, la cual perfección constituye la posición perfecta o categoría que se le da al penitente por haber creído en Cristo. Se le considera perfecto puesto que tiene un Salvador perfecto y una justicia perfecta. (2) La perfección es en realidad creada o producida en el corazón del creyente. Uno puede recalcar con exceso el primer aspecto, hasta descuidar el cristianismo práctico. Persona semejante fué aquel individuo que, después de una conferencia sobre la Vida Victoriosa, le dijo al orador: "Tengo todo eso en Cristo." "¿Pero lo tiene en este momento, en esta ciudad?" fué la tranquila respuesta de su interlocutor. Por otro lado, al recalcar con exceso el segundo aspecto, algunos han negado prácticamente cualquier perfección Ap.arte de la que pueden hallar en su propia experiencia.
            Juan Wesley parece haber caminado o tomado la senda intermedia, entre los dos extremos. Reconoció que una persona era santificada en la conversión, pero afirmó asimismo la necesidad de santificación completa como otra obra de la gracia. Lo que parecía hacer necesario esta experiencia era el poder del pecado que causaba la derrota del creyente. La bendición llega como resultado de una búsqueda fiel; el amor puro llena el corazón y gobierna toda obra y acción, con el resultado de que el poder del pecado es quebrantado. La perfección en el amor no era considerada perfección impecable, ni tampoco eximía al creyente de vigilancia constante y cuidado. Juan Wesley escribió lo siguiente: "Creo que una persona llena del amor de Dios está aún sujeta a transgresiones involuntarias. Ud. puede llamar. pecado a dichas transgresiones, yo no." Con respecto al momento de la santificación completa, Wesley escribió lo siguiente:
¿Es gradual o instantánea esta muerte al pecado, y la renovación en amor? Un hombre puede estar muriéndose por cierto tiempo; y sin embargo, en el sentido estricto del vocablo, no muere hasta el instante que su alma se ha separado del cuerpo; y en ese instante comienza a vivir la vida de la eternidad. De igual manera, quizá se esté muriendo al pecado por algún tiempo; y sin embargo, no ha muerto al pecado hasta que éste no se haya separado de su alma; y en ese instante vive la vida plena del amor. Y así como el cambio sufrido, cuando muere el cuerpo, es de una clase diferente, e infinitamente mayor del que conocimos antes, más aún, un cambio que hasta entonces no hubiéramos podido concebir siquiera; así también el cambio provocado cuando el alma muere al pecado es de una clase diferente, e infinitamente mayor que cualquier otro experimentado con anterioridad, y mayor también que cualquiera que uno pueda concebir, hasta el momento que lo experimenta. Y sin embargo, todavía crece el hombre en la gracia, en el conocimiento de Cristo, en el amor y la imagen. de Dios; y lo hará así, no solamente hasta la muerte, sino por toda la eternidad. ¿De qué manera debemos de esperar este cambio? No con descuido o indiferencia, ni tampoco de manera indolente; sino mediante una obediencia vigorosa, universal, cumpliendo fervorosamente los mandamientos, con vigilancia y sumo esmero, negándonos a nosotros mismos y tomando nuestra cruz; como así también mediante la oración diliGn.te y el ayuno, y prestando suma atención a las ordenanzas de Dios. Y si cualquier hombre sueña con obtenerlo de cualquier otra manera, (qué digo, de guardarlo cuando se ha obtenido, cuando lo ha recibido aún en medida abundante) engaña a su propia alma.

Juan Calvino, que recalcó la perfección del creyente en virtud de la obra consumada de Cristo, y que no alimentaba en su corazón menos fervor por la santidad que Wesley, escribe lo siguiente con respecto de la perfección cristiana:

            Cuando Dios reconcilia al hombre a sí, por medio de la justicia de Cristo, y nos considera justos por la remisión gratuita de nuestros pecados, también habita en nuestro corazón por su Espíritu, y nos santifica por su poder, mortificando nuestro corazón en obediencia a su Palabra. Se convierte así en nuestro primer deseo de obedecer su voluntad, y promover su gloria. Pero aún después de esto, queda todavía en nosotros suficiente imperfección como para inducirnos a reprimir el orgullo, y compelernos a la humildad. Ecc_7:20; 1Re._8:46.

 Se enseñan en las Sagradas Escrituras ambos puntos de vista: la perfección como don de Cristo y la perfección como obra real efectuada en nuestro corazón. Lo que Cristo ha hecho para nosotros, debe ser convertido en realidad en nosotros. El Nuevo Testamento mantiene un alto nivel de santidad práctica y afirma la posibilidad de liberación del poder del pecado. Es por lo tanto el deber del creyente procurar con ahínco la perfección. Fil._3:12; Heb_6:1.
            En este aspecto, debe reconocerse que el progreso en la santificación abarca o incluye con frecuencia un acontecimiento experimental crítico casi tan definido como la conversión. Por un medio u otro el creyente recibe una Apelación de la santidad de Dios, y la posibilidad de caminar en una comunión más íntima con él, todo lo cual es seguido de la conciencia de estar personalmente contaminado. Compare Isaías 6. Ha llegado a una encrucijada de la experiencia cristiana, donde debe resolver si retrocederá, o avanzará acompañado de Dios. Con la confesión de sus fracasos pasados, se consagra de nuevo, y como resultado de ello recibe nueva paz, gozo y la sensación de victoria, y también el testimonio o convicción de que Dios ha aceptado su consagración. Algunos han denominado este acontecimiento la segunda obra de gracia.
            Existirá todavía la tentación externa e interna, de ahí la necesidad de vigilar siempre, (Gál._6:1; 1Co_10:12); la carne es frágil y el cristiano tiene liberta de ceder, puesto que pasa por un estado de prueba (Gál._5:17; Rm._7:18; Fil._3:3); su conocimiento es parcial y defectuoso o imperfecto, y por lo tanto, puede estar sujeto a pecados de la ignorancia. No obstante, puede continuar con las seguridades siguientes: que puede resistir y vencer toda tentación reconocida (Stg._4:7; 1Co_10:13; Rm._6:14; Ef._6:13-14); puede glorificar siempre a Dios y estar lleno de los frutos de justicia (1Co_10:31; Col_1:10); puede poseer las gracias y el poder del Espíritu y caminar en comunión no interrumpida con Dios (Gál._5:22-23; Ef._5:18; Col_1:10-11; 1Jn._1:7); puede disponer siempre de la limpieza constante de la sangre, y por ende ser intachable ante Dios. 1Jn._1:7; Fil._2:15; 1Ts._5:23.

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